miércoles, 10 de noviembre de 2010

Relación [22.03.2007]

Ella llegó cuando él menos se lo esperaba. La raíz de su vida era como el mármol, frío y duro, antes de verla, contemplarla y amarla; ella simplemente era ella y no hacía nada para agradarle, pero tampoco lo hacía para disgustarle; constantemente le hacía sonreír. Siempre se preguntó: “¿cómo puedo amar a un ser así? Es antinatural” Ella nunca dijo nada; sábados dormían juntos, domingos comían palomitas de maíz en la cama, el resto de la semana se encontraban en la noche, donde ella salía a su encuentro. Cuando estaban solos, ella se acostaba en su pecho, él solo le acariciaba y no decía nada, y el tiempo pasaba rápido. Él cambió su carácter, se hizo menos triste, pero más posesivo. Sus actividades incluían: subirse al árbol de aguacate de su patio a la madrugada, escuchar el canto de los pájaros nocturnos y revolcarse en el césped. Él no sabía, ni sabrá, qué es lo que siente ella por él, pero él, la ama; ella es su mascota, él es su dueño (¿lo es?). ¿Es eso acaso el amor?, ¡Pichiko!, ojala pudieras entender que te amo.

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